Llegar a Late había sido muy cansador para Milú, había cruzado desiertos y mares, había andado en aviones, camellos y barcos. Finalmente, después de cuatro días, el "Caballo de Fuego" había llegado a las costas de Maror, a la isla de Late. No hacía falta caminar mucho ni abrir los ojos bien grandes para distinguir el castillo a lo alto de la colina. Era el castillo de Bellver, adonde Milú tenía que ir para encontrarse con el maestro Zuku.
Apenas pisó tierra (o arena, en este caso). Milú le escribió a Dandí una postal con la foto del castillo allá lejos sobre la colina:
Querido Dandí: Hoy puedo escribirte por primera vez. Los viajes fueron largos y algunos más duros que otros. A pesar de la tormenta eléctrica que se desató en el cielo, los vuelos en avión fueron los más tranquilos. Más emocionante fue haber atravesado el desierto de Tsé-Tsé sobre un camello de dos cabezas... Sí! Leíste bien! Tenía dos cabezas y cuatro jorobas. Traté de que Catán aprovechara tanto espacio y durmiera separado de mí, pero no lo logré. Él tenía tanto miedo que se quedó en mi mochila todo el camino.
Aprendí que los camellos pueden beber 100 litros de agua en 10 minutos! (Eso me lo dijo una de las dos cabezas). Después llegamos a un puerto desde donde nos tomamos primero un buque inmenso, de once chimeneas, y después un pequeño velero que se llamaba "Caballo de Fuego". En el buque de once chimeneas (ese se llamaba "Anur") comí las delicias más ricas que haya probado arriba del mar: caracoles de chocolate, huevos de canguro con gusto a menta y flores de sésamo. Era todo delicioso!
Pero una vez embarcados sobre "Caballo de Fuego" empecé a marearme tanto, que todo lo que había comido volvió a pasar por mi boca, pero en sentido contrario... El marinero que timoneaba al Caballo de Fuego me dio unas algas secas al sol que me hicieron mucho bien. Catán no quiso ni probarlas. Desde Caballo de Fuego pude ver las bestias más hermosas de Maror: había delfines que me saludaban con sus crías, pulpos gigantes que se enredaban y desenredaban entre ellos a veces largándose escupitajos y a veces empujándose entre risas, hasta escuché una sirena blanca (no la vimos, desgraciadamente, aunque el marinero enseguida se puso dos corchos en sus orejas para no escucharlas). Maror está lleno de vida y todo bajo su superficie parece mil veces más poblado que todos los continentes de este mundo juntos.
En fin, una vez que llegamos a la isla de Late vi lo que mis ojos estaban esperando ver hace tantos años: el castillo de Bellver. Allá a lo lejos, a lo muy lejos, pude distinguir sus torres y murallas. Acá te mando la foto que tomé con la cámara que me regalaste. Espero que te guste. Ya te contaré más de este viaje que recién empieza.
Saludos desde las costas de Maror...
Tu gran amiga, Milú
TeteLate
miércoles, 22 de abril de 2015
lunes, 20 de abril de 2015
Empieza el viaje
Milú sabía que no iba a ser fácil. Pero era una aventura. Y cuándo una aventura es sencilla? Si fuera fácil, pues ya no sería una aventura. Milú y Dandí se despedían en el aeropuerto. Ella se tomaba un avión a Late. Él se tomaba un avión a Tete. "Te voy a extrañar", le gritaba Milú a Dandí. "Yo más!!!", le contestaba él desde el pasillo, llevando una valija liviana, un gorro de lana y a su gato Shasup metido en el bolsillo del sobretodo. Shasup también estaba triste porque se separaba de Catán, el gato amarillo de Milú.
"Te voy a mandar postales y chocolates desde Late, Dandí, y te voy a tejer una bufanda azul!", seguía gritando Milú. "Miauuuu", le contestaba Shasup.
Late quedaba en una isla, entre los mares de Maror. Y Tete quedaba entre las montañas (en realidad era un pueblo muy chiquito en la punta de una montaña helada, donde servían los mejores tés del mundo, hablaban francés y comían con canela). Dandí había ido hasta ahí para aprender el arte sagrado que enseñaba el samurai Dor con su espada.
Milú iba hasta la isla Late, en el medio de los mares de Maror, a encontrar a su antiguo maestro Zuku para que le enseñara a hacer crecer.
Ninguno de los dos estaba seguro de su camino, pero sabían que sus viajes los estaban esperando. Sí, los viajes también esperan, festejan, ríen y lloran. Y aunque separan, también vuelven a unir. Eso muy bien lo sabían Milú y Dandí. Shasup y Catán. Los dos amigos se separaban después de muchos años compartidos. Sabiendo que un día no muy lejano se iban a volver a encontrar.
Estas son las aventuras de Milú, Dandí, Catán y Shasup. Este es el diario de sus viajes hasta que se volvieron a encontrar.
"Te voy a mandar postales y chocolates desde Late, Dandí, y te voy a tejer una bufanda azul!", seguía gritando Milú. "Miauuuu", le contestaba Shasup.
Late quedaba en una isla, entre los mares de Maror. Y Tete quedaba entre las montañas (en realidad era un pueblo muy chiquito en la punta de una montaña helada, donde servían los mejores tés del mundo, hablaban francés y comían con canela). Dandí había ido hasta ahí para aprender el arte sagrado que enseñaba el samurai Dor con su espada.
Milú iba hasta la isla Late, en el medio de los mares de Maror, a encontrar a su antiguo maestro Zuku para que le enseñara a hacer crecer.
Ninguno de los dos estaba seguro de su camino, pero sabían que sus viajes los estaban esperando. Sí, los viajes también esperan, festejan, ríen y lloran. Y aunque separan, también vuelven a unir. Eso muy bien lo sabían Milú y Dandí. Shasup y Catán. Los dos amigos se separaban después de muchos años compartidos. Sabiendo que un día no muy lejano se iban a volver a encontrar.
Estas son las aventuras de Milú, Dandí, Catán y Shasup. Este es el diario de sus viajes hasta que se volvieron a encontrar.
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