Milú sabía que no iba a ser fácil. Pero era una aventura. Y cuándo una aventura es sencilla? Si fuera fácil, pues ya no sería una aventura. Milú y Dandí se despedían en el aeropuerto. Ella se tomaba un avión a Late. Él se tomaba un avión a Tete. "Te voy a extrañar", le gritaba Milú a Dandí. "Yo más!!!", le contestaba él desde el pasillo, llevando una valija liviana, un gorro de lana y a su gato Shasup metido en el bolsillo del sobretodo. Shasup también estaba triste porque se separaba de Catán, el gato amarillo de Milú.
"Te voy a mandar postales y chocolates desde Late, Dandí, y te voy a tejer una bufanda azul!", seguía gritando Milú. "Miauuuu", le contestaba Shasup.
Late quedaba en una isla, entre los mares de Maror. Y Tete quedaba entre las montañas (en realidad era un pueblo muy chiquito en la punta de una montaña helada, donde servían los mejores tés del mundo, hablaban francés y comían con canela). Dandí había ido hasta ahí para aprender el arte sagrado que enseñaba el samurai Dor con su espada.
Milú iba hasta la isla Late, en el medio de los mares de Maror, a encontrar a su antiguo maestro Zuku para que le enseñara a hacer crecer.
Ninguno de los dos estaba seguro de su camino, pero sabían que sus viajes los estaban esperando. Sí, los viajes también esperan, festejan, ríen y lloran. Y aunque separan, también vuelven a unir. Eso muy bien lo sabían Milú y Dandí. Shasup y Catán. Los dos amigos se separaban después de muchos años compartidos. Sabiendo que un día no muy lejano se iban a volver a encontrar.
Estas son las aventuras de Milú, Dandí, Catán y Shasup. Este es el diario de sus viajes hasta que se volvieron a encontrar.
